lunes, 14 de diciembre de 2009

Frío

Llueve. El invierno ha llegado como una gélida bofetada sin previo aviso, y yo desde mi ventana, cobijada bajo la cascada de aire caliente, observo cómo ondean las palmas de las palmeras y las copas de los cipreses, tan crecidos que sus últimas ramas sucumben ante la fuerza de la gravedad. El nisperero amarillea, y el cielo de un gris uniforme me provoca un profundo sopor que invita a un café. Sin embargo me contengo y espero a que llegue ese breve soplo de concentración que me permita seguir con mis trabajos. Como cada día.

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